Desde hace ya varios años se vienen utilizando en algunos países, organismos genéticamente modificados (OGM) o Transgénicos. Dichos organismos son seres vivos artificialmente creados a partir de métodos y técnicas obtenidos de la ingeniería genética o tecnología del ADN recombinante.

Esta tecnología permite insertar genes de bacterias, virus, animales, plantas o humanos a otras plantas o animales, obteniendo así seres con características nuevas y muy específicas.

Y es que la ingeniería genética abre la posibilidad de manipular las secuencias de Acido Desoxirribonucleico (ADN), que es la sustancia que codifica la genética de todo ser viviente, extrayéndolo de un taxón biológico e implantándolo en otro.

Es decir que los biotecnólogos, que son técnicos o científicos que se dedican a esta manipulación genética, tienen la posibilidad, y de hecho lo hacen, de extraer genes de un virus y recombinarlos con los de un jitomate, por ejemplo, obteniendo un organismo vivo completamente diferente que puede soportar los herbicidas o producir sus propias sustancias insecticidas.

El mejoramiento genético usado durante miles de años por la humanidad se basa en la selección de las plantas o animales con las características deseadas y realizar cruces dirigidos. La creación de transgénicos es algo muy distinto ya que posibilita recombinar genes de seres vivos que en circunstancias naturales no se podría.

Esta tecnología tiene beneficios pero también altos riesgos ya que aún no se puede saber con precisión cómo afectará al medio ambiente y al ser humano que consume dichos organismos genéticamente modificados.